Luego de los destructivos terremotos que sacudieron la región el pasado 24 de junio, la tragedia en el Litoral ha mutado hacia una crisis silenciosa pero devastadora. Zonas costeras como Camurí Grande y Playa Pantaleta, que evitaron los derrumbes masivos registrados en otras parroquias, enfrentan hoy una realidad paralizante: el cese total de sus ingresos económicos.
La economía local en ruinas
La ausencia absoluta de temporadistas ha dejado las playas desiertas, un panorama desolador que golpea directamente a más del 60% de la población local. Sus medios de vida —centrados en el alquiler de toldos, la gastronomía costera y la pesca artesanal— se encuentran totalmente interrumpidos.
A esto se le suman graves problemas logísticos que agravan la precariedad:
- Paralización del transporte y costos elevados de los fletes para adquirir insumos básicos.
- Ausencia de censos oficiales que permitan canalizar ayudas gubernamentales estructuradas.
- Familias enteras obligadas a acampar en la playa, dependiendo de la caridad de los camiones de carga que transitan por la zona para recibir auxilio alimentario.
Emergencia médica y el rostro invisible del trauma
Ante la escasa respuesta oficial y el brote de afecciones respiratorias, infecciosas y cuadros febriles —con especial incidencia en la población infantil—, la sociedad civil organizada tomó la iniciativa.
Un consorcio humanitario integrado por la ONG Comunidad Activa, la Organización Latinoamericana de Cooperación y Políticas Públicas y el Club de Leones de la Escuela de Enfermería de la UCV desplegó una jornada de asistencia integral que benefició a más de 150 personas. Durante el operativo se brindó atención especializada en:
- Pediatría
- Ginecología
- Dermatología
- Salud mental
Las dinámicas de contención psicosocial revelaron una herida profunda en los más pequeños. A través de dibujos, los niños plasmaron el terror vivido durante los rescates de entre los escombros, evidenciando un trauma psicológico que requiere atención sostenida.
Llamado urgente a la comunidad internacional
Ante este escenario crítico, portavoces de la sociedad civil y diversos parlamentarios elevaron un llamado urgente a la comunidad internacional. Urgen donaciones de medicamentos, alimentos no perecederos e insumos de higiene que no solo alivien la emergencia sanitaria inmediata, sino que sienten las bases para reactivar el comercio local y devolverle la dignidad a las familias costeras.